El Salón de Actos ‘Tomás Alvira’ del Centro Universitario de la Guardia Civil en Madrid fue el escenario donde la ciberdefensa militar española desplegó su doctrina. Durante la jornada de apertura del Congreso LISA 2026: Ciberseguridad, Inteligencia y Defensa, el Mando Conjunto del Ciberespacio (MCCE) delineó con precisión estratégica cómo concibe el quinto dominio de operaciones, marcando una clara diferencia entre seguridad y defensa. El evento, organizado por LISA Institute, reunió a los principales referentes públicos y privados del sector para analizar lecciones aprendidas y futuros desafíos.
El ciberespacio como arma y el gobierno de la IA
El capitán de fragata retirado Enrique Pérez de Tena, asesor de Relaciones Institucionales del MCCE, fue contundente durante su intervención en la mesa redonda. No se limitó a describir el ciberespacio como un entorno más, sino que lo definió como “un arma en sí misma y un facilitador transversal” para el resto de capacidades militares. Esta visión operativa sitúa a la ciberdefensa en el núcleo de la misión de las Fuerzas Armadas. Pero el arma más poderosa requiere un marco de control riguroso, especialmente cuando se combina con inteligencia artificial. Pérez de Tena fue claro: la IA necesita datos de calidad y, sobre todo, “una capa de gobernanza que controle lo que hace y por qué da esa respuesta”. En el ámbito castrense, su aplicación es específica y controlada, integrada como una herramienta más dentro de sistemas con algoritmos orientados a funciones concretas y bajo una estricta trazabilidad.
Defensa activa y la guerra por el talento
La exposición derivó hacia el concepto de defensa activa, donde el representante del MCCE trazó una línea roja jurídica y operativa. “Somos la única organización estatal con autoridad legal para atacar”, afirmó, reafirmando el rol único del Mando dentro del ecosistema de seguridad nacional. Esta capacidad de respuesta y neutralización, determinada operativamente, va más allá de las labores de ciberseguridad convencional. Sin embargo, esta potestad requiere un capital humano excepcional. Pérez de Tena puso el foco en el crítico desafío de captar y retener talento especializado, buscando “perfiles imaginativos, capaces de anticipar cómo será el próximo ciberataque”. La amenaza, recordó, es permanente y dinámica: “El peor ciberataque es el que ocurrirá mañana y que alguien está imaginando hoy”. La conclusión fue que la ciberdefensa del futuro dependerá de equipos multidisciplinares con alta capacidad lógica e ingenio para dominar un entorno en constante cambio.
El Congreso LISA 2026 se consolida así como un foro indispensable donde la teoría se contrasta con la experiencia institucional real. Las declaraciones del MCCE no solo esclarecen la postura oficial frente a las amenazas híbridas, sino que también proyectan los requerimientos de una defensa nacional que debe evolucionar a la velocidad de la tecnología, siempre bajo el imperativo del marco legal y la gobernanza ética.
Fuente: Congreso IA