La escuela tradicional, con sus aulas cerradas, horarios rígidos y un docente solitario al frente, ya no da respuestas. Así lo plantea Mariano Fernández Enguita, catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid, quien en una entrevista reciente no se anda con rodeos: hay que romper los grilletes de la “insufrible aula-huevera”, la “artificiosa parrilla horaria” y el abuso de la clase magistral. Su propuesta combina hiperaulas, codocencia y una inteligencia artificial que aumente, no reemplace, la capacidad de docentes y estudiantes.
El modelo 1x1x1: un corsé de hace cuatro siglos
Fernández Enguita recuerda que el esquema de un docente, un grupo y un aula nació con Comenio en el siglo XVII, inspirado en la producción en serie de la imprenta. “Se diseñó para producir escolares en serie, con aulas homogéneas, ritmo único y una gran criba”, explica. Hoy, con la casi totalidad de los jóvenes institucionalizados hasta los 20 años, el sistema “hace agua por todas partes”. El problema, según el sociólogo, es que la mayoría de los docentes solo conocen ese modelo y los sindicatos piden más de lo mismo (reducir ratios) en lugar de imaginar algo nuevo.
Hiperaulas: espacios, medios y aprendizaje flexibles
Frente a la rigidez, Enguita propone las hiperaulas, un concepto que engloba cuatro dimensiones: hiperespacio (aulas diáfanas y mobiliario móvil), hipermedia (combinación de papel, pantalla, audio y video), hiperrealidad (simulaciones, realidad virtual) e hiperaprendizaje (herramientas de IA que se adaptan al estudiante). “No hay fórmulas universales, pero sí criterios: desanclar el mobiliario, liberarse del horario tipo parrilla televisiva y optimizar un equipamiento digital coherente”, detalla. La clave está en que los centros elaboren un proyecto propio que contemple espacios, agrupamientos variados y codocencia.
IA aumentada: un ayudante siempre disponible
Enguita defiende una inteligencia artificial que “aumente” la inteligencia del docente y del alumno, no que los sustituya. “Es como tener un ayudante que sabe seguir instrucciones precisas”, compara. Pero advierte: si se usa solo para obtener resultados finales, genera dependencia. En cambio, bien adaptada —con controles de edad, guardarraíles y una capa pedagógica— puede ser un monitor permanente que acompañe al estudiante en tareas, resuelva dudas y detecte errores. “Memorizando menos se puede aprender más”, sostiene, y ve en la IA una oportunidad para recuperar el diálogo socrático.
Los riesgos y el camino a seguir
El sociólogo no ignora los peligros: una escuela hipertecnologizada puede debilitar la autonomía y el pensamiento crítico. Pero recuerda que la escuela tradicional tampoco fomentaba esas capacidades, sino rutinas impuestas. “¿Quién no ha intentado explicar un problema escolar a su hijo y recibir un ‘no, así no, tiene que ser como dice el profesor’?”, ironiza. Para él, el cambio debe venir de las estructuras intermedias: los centros, sus equipos y proyectos, con una administración que facilite y docentes comprometidos. “La escuela tiene que volver a ser una institución de vanguardia”, concluye.
Fuente: Educación 3.0 (Español)
