La paradoja es perfecta: la medida que buscaba proteger a los estudiantes de la “distracción” de la inteligencia artificial terminó incubando a una emprendedora que hoy domina el ecosistema LLM con la precisión de un ingeniero senior. Navya Tuteja, de 17 años y estudiante del último año en un instituto de las afueras de Washington D.C., dirige Raaha, una plataforma que utiliza a Claude de Anthropic para ayudar a personas neurodivergentes a evaluar su compatibilidad con ofertas laborales. La startup, que ella misma financia, ya cuenta con más de 1.000 usuarios y ha analizado más de 20.000 puestos de trabajo.
El bloqueo como catalizador
El WiFi de su escuela bloqueaba el acceso a ChatGPT, Claude y herramientas similares. “Me hizo usarla mucho menos en clase”, reconoció Tuteja en declaraciones recogidas por Genbeta. “Así que supongo que, por molesto que fuera, aun así fue bueno, en cierto modo”. Esta restricción forzosa, lejos de limitarla, la entrenó. La obligó a desarrollar el músculo del pensamiento crítico durante las horas de clase, un hábito que luego trasladó a la construcción de su empresa cuando, fuera del horario escolar, sí podía acceder a los modelos.
Su herramienta, Raaha (raaha.ai), opera con una lógica clara: el usuario responde un cuestionario de 12 preguntas sobre sus preferencias laborales, pega la descripción de un puesto público (proveniente de bases como Adzuna o USAJobs) y recibe una puntuación de compatibilidad. El análisis, ejecutado por Claude bajo instrucciones co-diseñadas con especialistas en neurodiversidad, evalúa factores críticos como el ritmo de trabajo, los estilos de comunicación y la previsibilidad de la rutina.
La tensión ética: uso versus abuso
La historia de Tuteja se erige como un caso de estudio frente a un panorama educativo global alarmante. Mientras estudios como el de RAND muestran que el uso de IA para tareas escolares escaló del 48% al 62% entre mayo y diciembre de 2025, y una investigación en Science revela que el 26% de los usuarios universitarios diarios admite haberla usado para hacer trampa, ella encarna un modelo alternativo. “Intento aprender todo yo sola, sobre todo lo que tiene examen”, afirma, delineando una disciplina de uso instrumental, no sustitutivo.
Esta postura choca con la percepción social. Un experimento de Atlassian demostró que, cuando se sabe que un trabajo usó IA, se percibe como más perezoso y se recomienda un 24% menos. El tabú es tal que, según un estudio global de KPMG, el 57% de los empleados oculta su uso. “Creo que es bueno asumirlo si lo estás usando bien”, argumenta Tuteja. “Si eres transparente sobre para qué la usas y no la empleaste para crear toda tu empresa, no hay razón para avergonzarse”.
¿Prohibición o alfabetización? El debate se intensifica
La pregunta central que su caso plantea es clara: ¿la solución es bloquear o educar? Tuteja, irónicamente beneficiaria de una prohibición, se posiciona en contra de ella: “No creo que prohibirla sea la solución. Creo que hay que regularla de la forma correcta”. Un estudio turco en PNAS respalda la complejidad: alumnos que usaron un GPT-4 sin restricciones rindieron mejor en prácticas pero un 17% peor en el examen final, mientras que aquellos con un tutor-IA que daba pistas tuvieron resultados óptimos.
Mientras Cataluña propone vetar la IA a menores de 14 años, la historia de Navya Tuteja sugiere que el camino no es la censura, sino la guía. Su startup, nacida de una restricción, es ahora un ejemplo práctico de cómo un LLM como Claude puede ser un co-piloto para la inclusión laboral, cuando detrás hay una mente humana entrenada para pensar, dirigir y cuestionar.
Enlaces útiles
Fuente: Genbeta IA (Español)
