En la carrera frenética por capitalizar la inteligencia artificial, el sector educativo digital está priorizando el despliegue sobre la evidencia. Un estudio cualitativo realizado por EdReports, organización sin fines de lucro que revisa materiales instructivos, expuso esta semana que proveedores de currículum y tecnología educativa están integrando IA en sus productos con escasa o nula prueba de que estas adiciones realmente mejoren los resultados de los estudiantes. De diez proveedores analizados, solo uno presentó evidencia de terceros sobre la eficacia educativa de sus funciones con IA. “Sabía que no iba a haber mucha evidencia, pero me sorprendió lo poco que había”, declaró Courtney Allison, directora académica de EdReports.
Un mercado acelerado y opaco
El informe subraya un desafío creciente: las actualizaciones de IA que ocurren en segundo plano hacen que las escuelas no puedan asegurar la eficacia del producto. “Esto ha sido un problema desde hace un tiempo con las herramientas digitales, y solo se aceleró con la IA”, coincidió Brittany Miller, directora ejecutiva del Centro para la Contratación Basada en Resultados. La línea borrosa entre los materiales con IA y sin ella puede afectar directamente a las aulas. Jean-Claude Brizard, presidente de Digital Promise, advirtió que, en el peor de los casos, “la garantía de calidad al momento de la adopción ya no garantiza la calidad en la instrucción”. Incluso identificar si un material contiene IA puede ser un desafío, ya que puede introducirse sin notificación del proveedor.
La brecha de la evidencia y la implementación
El informe también señala que, si bien los marcos existentes suelen analizar las integraciones de IA por privacidad y seguridad, falta una forma consistente de determinar si la IA puede fortalecer el aprendizaje o preservar la coherencia curricular. A esto se suma la falta de acuerdo sobre qué significa “evidencia” en primer lugar. “Creo que la conclusión más importante del informe es que debemos alejarnos de simplemente marcar una casilla sobre seguridad y evaluación, y avanzar más hacia la calidad”, planteó Katie Boody Adorno, fundadora de Leanlab Education. Por su parte, Miller señaló un componente crucial que falta en la discusión: cómo se implementan esas herramientas. “El estudio realmente no da cuenta de lo que un estudiante hace realmente cuando interactúa con los materiales”, explicó.
El llamado a la transparencia y la demanda informada
Frente a este panorama, surgen recomendaciones claras. Sara Kloek, de la Software and Information Industry Association, aconsejó a los proveedores alinearse con principios éticos y actualizar sus productos según las mejores prácticas de ciberseguridad. Allison, de EdReports, sugirió que los distritos y escuelas comiencen a demandar más. “Los compradores necesitan hacer la pregunta: ‘¿Qué demuestra realmente esta insignia o esta certificación?'”, afirmó. Matt Moyer, director de una escuela primaria en Pennsylvania, fue más allá y aconsejó a los líderes educativos hacer preguntas puntuales a los proveedores sobre el tamaño de la muestra de sus investigaciones y los parámetros del estudio. El camino, coinciden los expertos, requiere menos marketing y más pedagogía comprobable.
Fuente: EdSurge AI in Education
