Lo que comenzó como el anuncio triunfal de Kevin O’Leary sobre la construcción del centro de datos de inteligencia artificial más grande del planeta terminó convertido en un caso de estudio sobre cómo la fiebre de la infraestructura de IA está colisionando frontalmente con las comunidades locales. El proyecto Stratos, bautizado como ‘Wonder Valley’ en referencia al apodo del inversor de Shark Tank, prometía transformar 40.000 acres de Utah en un campus de nueve gigavatios, más del doble del consumo energético promedio de todo el estado. Pero lo que sus promotores no anticiparon fue el tsunami de resistencia que desatarían.
El proceso opaco que encendió la mecha
Según la investigación de Josh Dzieza de The Verge, el proyecto avanzó durante meses en la más absoluta opacidad. Mientras O’Leary negociaba con agencias estatales como MIDA (Military Installation Development Authority) -un organismo con poderes para anular regulaciones locales de uso de suelo-, los residentes del condado de Box Elder y hasta los propios comisionados del condado permanecían en la ignorancia total. “El condado no supo nada hasta aproximadamente un mes antes de que O’Leary empezara a hablar de ello en Fox News a fines de abril”, explicó Dzieza en declaraciones periodísticas. Este desprecio por la participación comunitaria resultaría ser el primer error fatal.
La insólita coalición que paralizó el gigante
Cuando la noticia finalmente se filtró -a través de cobertura local, conversaciones en cafeterías y publicaciones en Facebook-, la reacción fue inmediata y transversal. Activistas ambientales preocupados por el impacto en el ya disminuido Gran Lago Salado, conservadores de grupos como Utah Patriots Alliance, residentes históricos ofendidos por el proceso antidemocrático y ciudadanos comunes formaron una coalición improbable pero efectiva. “Los centros de datos son el tema más unificador en la política actual”, señaló un activista a Dzieza, “no porque la gente esté de acuerdo sobre ellos, sino porque hay algo para que todos los odien”.
La estrategia de O’Leary para contrarrestar la oposición -acusar a los críticos de ser “espías chinos” en Fox News- solo avivó las llamas. La cadena tuvo que emitir una disculpa en el aire, y O’Leary publicó una retractación en Instagram antes de retirarse detrás de un muro de abogados. Mientras tanto, en el terreno político, las consecuencias fueron tangibles: dos comisionados locales perdieron sus escaños, y J. Stuart Adams, presidente del Senado estatal y considerado “el rey de la política de Utah”, fue derrotado en las primarias republicanas.
La carrera desesperada por la velocidad
El caso Stratos expone una dinámica industrial preocupante: la carrera desenfrenada por construir infraestructura para IA está operando en un vacío democrático. Como explicó Dzieza, el modelo de negocio se basa en lo que los desarrolladores llaman “ensamblaje de tierra energizada”: adquirir terrenos, asegurar acceso a energía y luego vender el paquete a hyperscalers como Meta o Google, a veces por 20 veces el valor original del terreno. La velocidad es la moneda de cambio, y en esa ecuación de urgencia, las comunidades locales simplemente no figuran.
Esta mentalidad de “construir ahora, preguntar después” tiene consecuencias profundas. Utah, como muchos estados, enfrenta decisiones críticas sobre si permitir que plantas de gas natural masivas -la solución energética más rápida para alimentar estos centros- se construyan “detrás del medidor”, desconectadas de la red eléctrica principal. Como señaló un crítico a Dzieza, se están instalando “refrigeradores muy caros en medio del desierto” con una vida útil de décadas, basándose en cálculos de rentabilidad que nadie parece cuestionar.
Hoy, Stratos está paralizado por litigios y referéndums, pero su legado perdura. Demostró que incluso en la era de la fiebre de la IA, la democracia local todavía tiene dientes. Y envió un mensaje claro a desarrolladores y políticos por igual: anunciar el “centro de datos más grande del mundo” puede ser un excelente titular, pero primero hay que convencer a la gente que vivirá con él.
Fuente: The Verge (AI Channel)
