Más que una celebración tecnológica, fue una advertencia colectiva. El II Congreso Internacional sobre IA Generativa “Transformación radical de la ciencia, la comunicación y la cultura”, celebrado los días 20 y 21 de octubre de 2026 en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), puso el foco en un dilema humano: la velocidad de la evolución artificial está superando nuestra capacidad de reflexión. Bajo la organización del grupo de investigación UCM “Transparencia, buena gobernanza y comunicación”, el evento sirvió como termómetro de la ansiedad y la esperanza que genera esta revolución.
El llamado de la academia: pensamiento crítico ante todo
Desde el acto inaugural, el tono fue claro. Para el decano de Ciencias de la Información, Ángel Luis Rubio, la inteligencia artificial ha transformado la relación con el conocimiento a una velocidad que nos impide ser conscientes de las consecuencias. “El verdadero desafío no es crear máquinas cada vez más capaces, sino crear seres humanos que sean capaces de utilizarlas con más inteligencia, criterio y responsabilidad”, afirmó. Una postura que encontró eco inmediato en su par de la Facultad de Informática, José Luis Risco, quien desmitificó la herramienta recordando su base estadística, pero alertó sobre la urgencia de un desarrollo humano que supere al tecnológico.
El concejal de Innovación y Emprendimiento del Ayuntamiento de Madrid, Ángel Niño Quesada, fue más contundente: “En el momento que entendáis que la IA os va a dar siempre el resultado bueno y os vais a fiar de ella, ahí sí que se habrá perdido la batalla”. Su llamado fue a cultivar el pensamiento crítico, un territorio que, según todos los presentes, la universidad debe reclamar como propio.
La perspectiva militar: usar o ser derrotado
Un momento de alto impacto llegó con la intervención del teniente general José Antonio Herrera Llamas, jefe del Estado Mayor Conjunto de la Defensa. Para el militar, la IA representa quizás el avance más importante desde la Segunda Guerra Mundial y transformará el poder de las naciones. Su mensaje fue pragmático y aleccionador: “El mayor riesgo es no usarla. Tu enemigo lo hará y serás derrotado si no la usas”. Sin embargo, incluso desde este ámbito de aplicación extrema, la conclusión fue similar a la de los académicos: la IA debe ser siempre una herramienta supervisada por personas, un medio y nunca un fin que condicione la actividad humana.
El congreso, estructurado en ocho meses de debates previos, dejó en claro que la conversación ya no gira en torno a si la IA cambiará todo –algo que se da por descontado–, sino en si seremos capaces de construir el marco ético, crítico y humano necesario para dirigir ese cambio. La pregunta que flotó en el aire del salón de actos fue la misma que planteó el decano Rubio: seguimos siendo responsables de decidir cuáles son las preguntas que verdaderamente importan.
Fuente: Congreso IA



