El vertiginoso ingreso de la inteligencia artificial generativa en las aulas ha desatado una revolución educativa, pero también una profunda incertidumbre. Mientras estudiantes delegan redacciones y resoluciones de problemas en ChatGPT o Gemini, los docentes y las instituciones se enfrentan a un dilema existencial: ¿cómo se utiliza esta tecnología para que los estudiantes realmente aprendan, y no solo obtengan respuestas? Este fue el núcleo del debate en el reciente European Conference on Technology-Enhanced Learning (EC-TEL) 2026, celebrado en Valencia, donde expertos de toda Europa buscaron equilibrar el rigor pedagógico con el potencial disruptivo de la IA.
El congreso que cuestiona el “para qué” de la tecnología
Organizado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) entre el 14 y el 18 de septiembre, el EC-TEL sirvió como termómetro de la preocupación académica. Olga C. Santos, catedrática de IA de la UNED y voz experimentada en este campo, expuso la necesidad de un cambio de discurso. “No hay que pensar en usar la tecnología porque la tengo, sino cuál es la herramienta más adecuada para que aprendan”, afirmó. El riesgo, según Santos, es convertir a la IA en un formato de sustitución, donde el alumno delega sistemáticamente el proceso de razonamiento, erosionando su propia capacidad de aprendizaje y ampliando, además, una nueva brecha digital.
El docente frente a la máquina: el valor de lo humano
La pregunta más incómoda flota en el ambiente universitario: si una IA puede explicar conceptos y resolver dudas las 24 horas, ¿está el profesor en peligro de extinción? Santos argumenta que la respuesta depende del rol que el docente decida asumir. “Si solamente das contenidos no aportas mucho”, reconoce, pero la experiencia acumulada, el acompañamiento, la motivación y la perspectiva humana son territorios que la máquina aún no puede conquistar. De hecho, Santos ha observado una transformación tangible: las consultas de sus estudiantes en la educación a distancia, ya tradicionalmente bajas, han caído en picado. Una señal de que, posiblemente, están resolviendo dudas con IA, lo que obliga al profesor a reinventarse y aportar justamente lo que el algoritmo no tiene.
El futuro que se vislumbra no es de reemplazo, sino de colaboración. El desafío, según el consenso del congreso, es diseñar un punto de encuentro donde persona y sistema se complementen para enriquecer las capacidades humanas. Esto requiere, urgentemente, una fuerte apuesta por la formación y alfabetización en IA, tanto para estudiantes como para educadores. La IA ha venido para quedarse, pero su impacto final en la educación dependerá de la conciencia crítica con la que se integre en el proceso de aprendizaje, más allá del simple y seductor atajo que ofrece un prompt.
Fuente: Congreso IA
