El discurso sobre la inteligencia artificial ha mutado de la ciberseguridad a la extinción humana en un abrir y cerrar de ojos. En medio de esta escalada de pesimismo, figuras como Sam Altman de OpenAI y Dario Amodei de Anthropic levantan la mano para pedir una pausa en el desarrollo. Lo que a primera vista podría parecer una preocupación genuina por el futuro de la humanidad, esconde una estrategia tan antigua como el propio capitalismo, una táctica que John D. Rockefeller perfeccionó hace más de un siglo.
El eco de Rockefeller en la era de la IA
En 1899, Rockefeller se presentó ante la Comisión Industrial de Estados Unidos argumentando que las grandes corporaciones no debían ser desmanteladas, sino reguladas y supervisadas para poder competir en un mercado global cada vez más complejo. Sus argumentos resuenan sorprendentemente con las peticiones actuales de los líderes de la IA. Recientemente, un ingeniero de Anthropic renunció, denunciando que la empresa estaba “jugando con nuestras vidas” y estimando un 10% de probabilidad de que la IA cause la extinción humana esta década. Poco después, Amodei mismo sugirió que una IA podría tomar el control de internet en menos de un año y abogó por “frenar el ritmo”. Demis Hassabis de Google DeepMind, Elon Musk y Satya Nadella han expresado posturas similares. Sin embargo, hasta ahora, ninguna de estas advertencias ha resultado en una detención concreta del progreso.
La regulación como escudo y espada
La parte más intrigante de este movimiento es la propuesta de Amodei: una regulación que afecte a todas las empresas de IA por igual. Señala que la coordinación entre compañías podría chocar con las leyes antimonopolio, y solicita que el gobierno medie o facilite exenciones específicas. No se trata de pedir mayor prudencia, sino de que el Estado imponga esa prudencia como una obligación para toda la industria. Las mismas compañías que compiten ferozmente por crear los modelos más potentes del mundo ahora piden que el gobierno establezca las reglas sobre cuándo y cómo pueden seguir avanzando. Este fenómeno, conocido como “captura regulatoria”, donde una industria influye en los reguladores para diseñar normas que favorezcan sus propios intereses, no es nuevo. Hemos visto ejemplos similares con AT&T y el sector de las aerolíneas, que utilizaron la regulación para consolidar su dominio y crear barreras de entrada para competidores más pequeños y ágiles.
OpenAI y Anthropic no son pequeñas startups; lideran el desarrollo de los modelos de IA más avanzados. Si bien existen motivos válidos para considerar una pausa, cuando los líderes de la industria son quienes solicitan la regulación, es natural preguntarse qué intereses adicionales están en juego. Se les acusa de usar los riesgos de seguridad como pretexto para levantar una barrera de entrada a sus competidores. El inversor David Sacks ha sido contundente en X (anteriormente Twitter), instándolos a dejar de “fingir que necesitan el permiso de nadie” o “formar un cártel”. La Comisión Federal de Comercio (FTC) de Estados Unidos ya ha dejado claro que no permitirá la manipulación de las leyes antimonopolio. Si estas empresas desean detener el avance, tienen la capacidad de hacerlo por sí mismas. La pregunta es si esta llamada a la regulación es un intento genuino de seguridad o una sofisticada maniobra para consolidar su poder en el mercado de la IA.
Fuente: Xataka IA (Español)