Los números no mienten y dibujan un panorama preocupante: en las aulas de Primaria, sin ninguna intervención deliberada, los niños ocupan los roles tecnológicos en un 60% de los casos, mientras que las niñas se decantan por funciones más artísticas y de comunicación. Esta estadística, más que un dato frío, es el reflejo de cómo los estereotipos de género se instalan temprano en la educación tecnológica. Para Elena Vercher, maestra pública, doctora en Tecnología Educativa y asesora técnica docente, esta cifra es una llamada de atención urgente que demanda una pedagogía activa y consciente.
El pensamiento computacional: mucho más que programación
Vercher defiende que el pensamiento computacional debe ser trabajado desde los primeros años escolares, no como un dominio exclusivo de la informática, sino como una lógica transversal. “Una receta de cocina es un claro ejemplo de pensamiento computacional”, ejemplifica, destacando la secuencia ordenada de pasos, los datos (ingredientes) y las variables (cantidades). Su investigación con alumnado de 5º de Primaria demuestra que, cuando se introduce de forma sistemática, la mejora en estas habilidades es igual para niñas y niños, desmitificando la idea de una predisposición genérica.
Intervención activa: la clave para romper la asociación género-rol
¿La solución? Una intervención activa y estructurada por parte del profesorado. Vercher es contundente: dejar la elección de roles a la “libre elección” en un contexto ya sesgado por estereotipos solo perpetúa la brecha. La estrategia probada es la rotación obligatoria de roles dentro de los equipos de trabajo. “Con una rotación en la que todos los miembros de un equipo tienen que pasar por el rol técnico, se puede observar que la asociación entre género y rol deja de ser significativa después de unas sesiones”, afirma. Se trata de garantizar que cada estudiante, independientemente de su género, perciba que ninguna competencia tecnológica le es inalcanzable.
IA en Primaria: de consumidores a creadores críticos
Para Vercher, postergar la educación en inteligencia artificial es un error. “La mayoría de nuestro alumnado la conoce y algunos incluso la utilizan”, señala. El objetivo educativo debe ser trascender el consumo pasivo. “Para trabajar la equidad en el aula es importante que todo el alumnado sepa qué es la IA y cuáles son sus riesgos”, sostiene. Propone actividades donde los estudiantes reflexionen sobre el machine learning en sus vidas (desde YouTube a Google Maps) y descubran cómo puede usarse para decir “la verdad o todo lo contrario”, fomentando así un respeto crítico hacia la tecnología.
Un modelo pedagógico: suelo bajo, techo alto, paredes amplias
La propuesta final de Vercher se inspira en la espiral del pensamiento creativo y en un principio de diseño educativo accesible. Aboga por crear actividades con un “suelo bajo” (low floor) al que todo el alumnado pueda acceder, con “posibilidades infinitas” (high ceiling) para retar a quienes avanzan más rápido, y con “paredes bien amplias” (wide walls) que permitan llegar al aprendizaje desde múltiples caminos e intereses. Solo así, concluye, la tecnología en el aula dejará de ser un campo minado por desigualdades para convertirse en un espacio genuino de creación, equidad y empoderamiento para todos.
Fuente: Educación 3.0 (Español)
