En el marco del reciente congreso de la Asociación Colombiana de Ciencia Política (Accpol) llevado a cabo en Cartagena, la académica María Alejandra Santos expuso una realidad escalofriante: lo que antes demandaba meses de planeación militar hoy se resuelve en cinco minutos gracias a la inteligencia artificial. La directora de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB en Bucaramanga profundizó sobre cómo los conflictos armados contemporáneos en Ucrania y Gaza están redefiniendo el concepto de ciberpoder.
La maquinaria algorítmica detrás de los ataques
Según la presentación de Santos, la IA interviene en tres etapas clave: el análisis de información, la selección de objetivos y la toma de decisiones. Para ello, se apoyan en sistemas como Palantir —empleado tanto en Ucrania como en Israel— y Gospel, de uso exclusivo en las Fuerzas Armadas israelíes. Estas plataformas integran imágenes satelitales, videos de drones y datos extraídos de redes sociales para proponer al operador militar no solo el punto exacto a atacar, sino también la logística operativa, como el despliegue de drones o tropas terrestres.
«Le dice: este es el plano operacional y usted tiene que atacar este punto, porque es el que le va a permitir generar un mayor daño a su adversario», explicó la investigadora en su ponencia. Esta integración tecnológica acelera la conducción de la guerra de manera exponencial, otorgando una ventaja táctica sin precedentes a quien domina estas herramientas.
El vacío legal en el campo de batalla digital
La velocidad extrema de estos sistemas trae aparejado un costo ético y jurídico que la comunidad internacional aún no ha resuelto. Santos advirtió que, al delegar la selección de blancos a un software, se traslada el proceso de razonamiento humano a un aparato tecnológico incapaz de evaluar la presencia de civiles o el contexto humanitario.
En este escenario, surge una pregunta ineludible: ¿quién responde por los daños colaterales? «Todavía hay un vacío legal y político, y es una discusión que se está dando mucho en el derecho: quién responde cuando hay daños colaterales en una operación militar en la que se usó inteligencia artificial», cuestionó la politóloga. Hasta el momento, ni la ONU ni la Unión Europea han logrado consensuar un marco regulatorio que defina si la responsabilidad recae en el Estado, en la empresa tecnológica desarrolladora o en el operador que ejecuta el programa.
Una nueva carrera armamentista
La experta comparó esta revolución tecnológica con el desarrollo de las armas nucleares, e incluso la consideró de un alcance superior. Ucrania se ha convertido en un laboratorio a cielo abierto para la experimentación bélica con IA, marcando el rumbo de los próximos conflictos globales. Santos alertó que los actores que no integren estas herramientas sufrirán una desventaja operacional similar a la de la posguerra o la Guerra Fría.
El mayor desafío a futuro será cómo regular este uso, en un contexto donde los propios CEOs de las empresas tecnológicas advierten sobre el riesgo de ciberataques autónomos. La capacidad de decidir entre la máquina y el ser humano se perfila como el dilema ético más crítico que la humanidad deberá enfrentar en los próximos años.
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Fuente: Congreso IA
